La efervescencia social y política de los primeros años de democracia también alcanza a PSN, que afronta sin disimulo y con todas las consecuencias la inminencia de un evidente final de etapa. La mutualidad no sirve -porque no se lo permite la Administración- para responder a las crecientes demandas de los mutualistas, cuyas nuevas generaciones cuestionan reiteradamente la obligatoriedad. Dos presidentes, José María Artamendi y José Luis Gutiérrez Herrero, buscan con afán alternativas y, superando no pocos obstáculos, dejan indicada la senda del futuro con singular precisión.
Los nuevos estatutos de Previsión Sanitaria Nacional parecían haber modernizado
definitivamente la Entidad, cuyo único propósito a partir de ese momento (junio de
1975) no podía ser otro que la gestión óptima de su actividad y patrimonio. Pero la
realidad, como la que vive España en su inicial andadura por la democracia, no es
tan sencilla. El nuevo presidente de PSN, José María Artamendi, toma posesión
de su nuevo cargo el 25 de febrero de 1977.El tesorero, José Paz, le recibe sin paños calientes: "A pesar de los informes optimistas de los últimos años, la mutualidad, en breve plazo, puede verse abocada a dificultades económicas en determinadas prestaciones por motivos legales, económicos y técnicos".
Artamendi comprende desde el principio la magnitud de su responsabilidad, más aún cuando ha de afrontar dos problemas repentinos, que aparentemente no existían sólo unos meses atrás.
En abril la Asamblea exige la constitución de dos comisiones, una para analizar y corregir los nuevos estatutos, que han resultado inoperantes para alcanzar su mayor reto -la democratización de los órganos de gobierno-, y otra para investigar la labor del anterior Consejo de Administración, presidido por Alfonso de la Fuente.
Antes de que concluya 1977 se celebran otras dos asambleas, de carácter extraordinario. En la primera, Artamendi informa de la existencia de anomalías en la gestión de De la Fuente aunque, asumiendo su responsabilidad institucional y con el propósito de no lastimar a la Entidad, pide no hurgar en la herida, que podría haber sanado "con algo más de información por parte de unos y mayor comprensión y hermandad por parte de todos". De la Fuente, presente en la Asamblea, admite con honor: "Me habré equivocado, pero no ha sido una falta concebida de manera preparada. Nunca he faltado a la verdad".




